Cerrado por vacaciones

Os comunico que este blog permanecerá cerrado por vacaciones hasta el mes de Septiembre.
Hasta la vuelta.
                                    ¡FELICES VACACIONES A TODOS!





Ana Hidalgo

Capítulo 19




Una vez en la discoteca, Marta y sus amigas comenzaron a bailar casi enseguida. Les encantaba bailar y no paraban en toda la noche. La única pega que tenía es que desde hacía algún tiempo, Marta tenía que hacer alguna que otra pausa porque se cansaba y a ratos se ahogaba. Tenía que empezar pronto a realizar de nuevo ejercicio. De hecho, ya había hablado durante la cena con su amiga Laura de las caminatas e incluso de apuntarse a baile.
Otro tema era el de la bebida. Como no podía beber líquidos, le daba el vale de la bebida a uno de sus amigos para que lo aprovechara. Ella ya había bebido bastante agua en la cena.
En un momento  en que bailaba muy animada junto a sus amigos en el centro de la pista, notó como alguien le tocaba en el hombro. Se giró, y por poco se cae al suelo, al trastabillar, torciéndose el pie, al ver quien era:
-¡Cuidado! ¿Te has hecho daño?  -Dijo Daniel.
-Hola, Daniel. No tranquilo, no me he hecho daño, es que la pista está muy resbaladiza y he tropezado –dijo Marta, sintiéndose tonta por ese tropezón tan ridículo. -¿Qué haces tú por aquí?
-Bueno, es obvio ¿No? –dijo sonriendo Daniel.
Marta sintió como le subía un calor tremendo a la cara y dio gracias de que la discoteca estuviera a oscuras.
Más allá, los amigos de Marta la miraban y las chicas estaban embobadas.
-¿Quieres sentarte y tomar algo? –habló preocupado Daniel
-Sentarme sí –dijo Marta –tomar algo no, que ya he rebasado el tope de bebida de hoy… quiero decir de líquidos, no me entiendas mal. Es que no puedo beber líquidos porque se me acumulan en el cuerpo al no funcionarme bien los riñones.
“pero que porras hago yo soltándole todo este rollo; lo voy a espantar” pensó Marta en ese momento.
-Tranquila, algo he leído sobre ello. Vamos a aquel rincón de allí.
-Un momento, que voy a decirles a mis amigos dónde estaré, ya que he venido con ellos.
-Por supuesto, te espero  -señaló Daniel.

Marta se dirigió hacia el lugar donde se encontraban sus amigos y les explicó casi a gritos, porque estaban cerca de los amplificadores, que iba  a estar con Daniel sentada y que le avisarán cuando se tuvieran que ir.
-¿Pero de dónde has sacado este bomboncito? –dijo Laura  -¡Madre mía, cómo está!
-¡No lo dejes escapar! –dijo, resoplando, Rosa, otra de las chicas
-¡Vale, ya está bien chicas! –reía Marta sin poder parar
Volvió de nuevo al lugar donde se encontraba Daniel sentado y se sentó a su lado.  En esa parte del local el ruido no era tan ensordecedor como en medio de la pista de baile.
-Tienes muy buenos amigos ¿no? –dijo Daniel, acercándose un poco más para hacerse oír.
-Sí, la verdad es que aparte de mi familia, ellos me están ayudando mucho en este enorme bache de mi vida.
Hablaron durante un buen rato sobre sus respectivos trabajos. Daniel le preguntó algunas cosas de su enfermedad y de su tratamiento, y Marta contestó con normalidad y de la forma más clara posible. Hablaron también sobre las vacaciones y Marta le explicó que ya estaba realizando los pasos necesarios para ir con su madre a algún sitio dónde le pudieran llevar todo el material. Daniel se comprometió como director de un hotel, a informarse también sobre los hoteles que mejor se adaptaban a sus necesidades.
Estaban tan enfrascados en la conversación que no vieron que se sentaba a su lado, Antonio, amigo de Marta.
-¡Ay! ¡Qué susto me has dado, Antonio! –dijo Marta dando un pequeño salto en el sillón.
-Es que vengo a decirte que nos vamos.
-¿Qué hora es? –chilló Marta, a la vez que intentaba ver la hora en su reloj de muñeca.
-Son  las 4:30. ¿Te vienes?
-Claro, por supuesto. Además tengo que levantarme pronto… ya sabes… mi “otro trabajo”, el vital,  no perdona ni siquiera festivos. Ahora voy
Se giró hacia Daniel para decirle que se iba.
-Bueno, me tengo que ir, Daniel.
-¿Quieres que te acompañe yo?
- No, muchas gracias,  pero prefiero ir con mis amigos… no te molestes.
-Tranquila,  no me molesta en absoluto. Pero, te llamaré para quedar el sábado que viene. Así que no hagas planes ese día.
-Por supuesto –dijo riendo Marta.
Se despidieron con dos besos en las mejillas, pero muy cerca de los labios, que a Marta le electrizó todo el vello de su cuerpo, y  enseguida fue a reunirse con sus amigos que la esperaban en la salida de la discoteca.

CONTINUARÁ...


Ana Hidalgo


Capítulo 18



 A las 16, 00 h, y aprovechando un intermedio de la película, Marta procedió a drenar el líquido y a introducir un nuevo líquido limpio. Calculó la diferencia entre el volumen de líquido infundido y el volumen de líquido drenado y lo apuntó  Anotó todos los datos necesarios y ordenó y colocó cada cosa en su sitio correspondiente.  A la semana siguiente tendría que llevar todo bien anotado y además disponía de una pequeña libreta donde apuntaba todas sus dudas para que no se quedara nada por preguntar al nefrólogo.
Miró la hora en móvil; las 16,50h.  Se volvió a sentar en el sofá y siguió viendo la película. Seguía pensando en Daniel ; se sentía eufórica y deseando ver a sus amigas para contárselo. Al cabo de un rato, cogió su tableta y se metió en las redes sociales para ver que había de nuevo.

Pipipipipi sonó el móvil a las 20,00h…. “¡Jopé!” Pensó Marta  “voy a tener que cambiar el sonido porque con tanta alarma me va a dar un infarto del susto”
Se levantó y volvió a repetir todos los pasos del intercambio de la diálisis peritoneal. Esto era ahora algo primordial, era su vida, dependía de ello y no podía dejar pasar ni un intercambio, fuera como fuera y se sintiera como se sintiera… no había otra… Y se acordó de una frase que decía su abuela muy a menudo: “Y a pesar de todo, la vida sigue”. Y ella seguía…¡ y tanto que seguía!
Después del intercambio se duchó con agua tibia y seguidamente procedió a limpiarse y secarse delicadamente la zona de alrededor del orificio de salida con una gasa limpia y tapándola con  sumo cuidado.

Había quedado con sus amigos a las 21,30h, para ir a cenar y luego a bailar. Con tiempo de sobra, comenzó a prepararse para salir.
Se maquilló poniendo énfasis en sus grandes ojos con un delineador negro y máscara de pestañas. Luego se pintó los labios de un precioso tono fucsia y terminó de secar su morena y rizada cabellera con el secador con difusor para darle más volumen. Sonrió satisfecha de la imagen que reflejaba en el espejo y se dirigió al dormitorio para vestirse, envuelta en una toalla enorme.
Abrió el armario y miró con tristeza sus pantalones tejanos preferidos, esos que decía su madre que parecían que le habían dado mordiscos,  porque ahora estaban de moda los tejanos con rotos. También  miró con pena los tops que solía ponerse antes y que le sentaban divinamente. Se encogió de hombros y sacudió la cabeza  pensando que eso era lo que había y eso era lo que le tocaba en esa etapa de su vida;  que tendría que quitarlos de ahí y guardarlos en una caja, lejos de su vista, hasta que pudiera volver a ponérselos.  Porque ella tenía la esperanza de volver a vestir la ropa que usaba antes, su ropa preferida, en un tiempo no muy lejano.

Al final se decidió por un sencillo vestido de tirantes, fruncido en el busto y con un precioso estampado. Al estar suelto a partir del pecho le disimulaba la “barriguita” y el catéter, y le daba seguridad y comodidad. Le gustaba mucho ese vestido porque se sentía guapa y sabía que le favorecía.  Escogió unas sandalias con las cuñas de esparto, muy bonitas. 
Antes de salir se puso unas gotas de su perfume preferido y comprobó que llevaba todo lo necesario en su bolso de mano.

Fue caminando hasta donde había quedado con sus amigos; no era muy lejos, hacia una temperatura muy agradable y le apetecía caminar. Total, en  bus, habrían sido tres paradas. Iban a cenar a una pizzería  y se habían citado todos allí.
La cena transcurrió de forma amena y divertida. Marta contó a sus amigas la llamada de Daniel y lo emocionada que estaba.
-¿Es que acaso dudabas de que te fuera a llamar? –dijo, asomando la cabeza y metiéndose en medio de la conversación de las chicas,  Antonio, un chico regordete  y con una gran sonrisa. –Eres una chica guapísima, y lo sabes… ¿qué te ha tocado estar enferma? A cualquiera le puede tocar… Eso es una lotería.
-Gracias, Antonio, eres un cielo –dijo Marta a la vez que le daba un fuerte abrazo.
-Por cierto –habló de nuevo, Antonio –y hablando de la lotería de las enfermedades, tengo una tía que también tiene insuficiencia renal y que le han dado a escoger entre las dos opciones de diálisis: la hemodiálisis y la diálisis peritoneal. Y me ha dicho que te pregunte que qué tal te va con esta modalidad de diálisis.
Marta, explicó un poco por encima de qué trataba, mientras sus amigos la escuchaban con interés y de vez en cuando le preguntaban algo que no entendían “Que grandes amigos tengo, he tenido suerte con ellos” pensaba.

CONTINUARÁ...

Sigue al CAPÍTULO 19 



Ana Hidalgo  


Capítulo 17



Más tarde, al terminar su jornada de trabajo,  Marta decidió pasarse por la tienda de congelados para  comprar algunas verduras. La nutricionista le había explicado que  la verdura congelada contenía menor cantidad de potasio que la fresca. Escogió unas judías verdes, unos guisantes, unas zanahorias...  y de repente, se le fue la vista hacia unos profiteroles de chocolate con muy buena pinta... con tristeza pensó que con lo que le gustaba a ella el chocolate, éste fuera una de los alimentos prohibidos.

Llegó a casa y entró directamente a la cocina, dejando todo lo que llevaba, bolso, llaves, bolsas de compra… en el mármol de la cocina.  Antes de quitarse siquiera los zapatos,  metió los alimentos congelados en el congelador, porque con el calor que hacía no era plan de romper la cadena del frío. Era fundamental para garantizar el buen estado de los alimentos.  En temporada de calor, el riesgo de intoxicaciones alimentarias y de enfermedades transmitidas por alimentos en mal estado, aumentaban considerablemente y ella no tenía ganas de añadir más complicaciones a su enfermedad. Muy al contrario, tenía que tener su cuerpo en la mejores condiciones posibles, para su futuro trasplante.
Luego, entró en el dormitorio y se cambió la ropa de calle por otra más cómoda. Se recogió el pelo con una pinza y volvió a la cocina a prepararse la comida.

Puso la tele mientras cocinaba. En ese momento estaban dando las noticias y la voz de la periodista  inundó la cocina.  Siempre le gustaba tener la tele puesta porque le hacía compañía.  “Creo que me voy a comprar un  lorito que también me hará compañía y es más alegre que lo que cuentan en la tele” pensó mientras ponía la olla con agua a hervir para preparar un plato de pasta.

Ese día decidió prepararse la pasta de forma sencilla, con ajo y jamón. Sacó el ajo que había puesto en remojo esa mañana y lo sofrió hasta dorar y luego añadió un poco de jamón bajo en sal a cuadraditos. Añadió un poco de vino blanco y dejó reducir.
Mientras, la pasta ya estaba cociendo y cuando estuvo a punto, la retiró y le añadió en contenido de la sartén.
.....¡¡mmm qué sencillo y qué bien huele!! -dijo en voz alta.

Comió con gusto; desde que se hacía la diálisis peritoneal se habían reducido sus náuseas y vómitos, y tenía algo más de apetito.

Más tarde, mientras fregaba los platos y ordenaba la cocina, sonó el móvil. “Qué mala pata que suene precisamente ahora el móvil… cuando estoy con los guantes que me cuestan tanto quitármelos” pensaba Marta mientras casi se arranca las manos en su lucha para quitarse los guantes de goma que utilizaba para fregar.
Cuando consiguió, por fin, coger el móvil, éste quedo en silencio. “Hala, no he llegado a tiempo, pero de todos modos no tengo ni idea de a quién pertenece este número. Si es algo importante ya volverá a llamar”
Volvió a sus tareas domésticas, sin pensar más en la llamada.

Cuando terminó de recoger la cocina, fue al comedor y puso en marcha el aire acondicionado, a una temperatura suave, porque  estaba demasiado acalorada. Lo pondría un rato, hasta que se refrescara el ambiente y luego lo apagaría, pues ella era propensa a las faringitis. Luego se tumbó  en el sofá con el mando en la mano y se dispuso a ver una película de ciencia ficción, de esas de desastres imposibles que siempre acaban destruyendo Nueva York,  y que justo acababa de empezar. Calculó que en uno de los intermedios comenzaría a realizarse el tercer intercambio del día… Seguro que drenaba todo y se preparaba la siguiente bolsa y seguirían con los anuncios.

Marta se fue quedando adormecida, por el cansancio del trabajo y porque llevaba un tiempo que tenía mucho sueño, debido a la anemia que arrastraba y no conseguía superar.
De pronto sonó el móvil sacándola de ese sueño-sopor y provocando que su corazón se acelerara del susto. Estiró el brazo, torpemente, tirando unas revistas que se encontraban en la mesa que estaba cerca del sofá,  tanteando con la mano el mando del aire acondicionado y el mando de la tele, hasta que encontró el móvil.
-Diga, diga –Dijo, casi gritó, Marta
-¿Marta? ¿Eres tú?
Una voz que no conocía sonó al otro lado del teléfono y Marta, en esos momentos en que estaba despertando todavía no había relacionado con nadie que conociera. Lo primero que pensó, es que ya la estaban llamando los de las operadoras de telefonía móvil o de internet o algún otro tipo de publicidad y venta. En el momento en que iba a contestar con lo de siempre de “no me interesa nada, lo siento” la otra persona se presentó:
-Marta, soy Dani… ¿Te acuerdas de mí?  Ayer estuvimos tomando algo en el bar del hospital.
-Sí,  sí, sí… me acuerdo de ti –
“¿Cómo no me voy a acordar de ti, madre del amor hermoso?” pensó Marta “lo que no esperaba es que me llamaras después de contarte mi historia”
-Te llamo para ver si quieres quedar conmigo para cenar esta noche… Podemos ir donde tú quieras.
-¡Huy! –dijo Marta a la vez que chasqueaba la lengua –pues va a ser que no, porque he quedado con unos amigos para ir a cenar y a bailar.
-¡Vaya!¡Qué pena! Bueno, en otro momento será -dijo Dani. Luego añadió -Por cierto, ¿Qué tal estás?
Marta y Daniel hablaron durante unos minutos más y quedaron en que la llamaría la semana siguiente.
Cuando colgó, Marta se dejó caer de nuevo en el sofá con el corazón a mil, pero esta vez no por el susto, sino por lo emocionada que estaba de que le hubiera llamado Dani. Se preguntó si debía haber anulado la salida con sus amigos para quedar con él, pero luego se dijo no, que sus amigos estaban primero y que la estaban ayudando mucho. Si Dani quería, la volvería a llamar.

CONTINUARÁ...

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Ana Hidalgo




Capítulo 16


El zumbido del despertador sacó a Marta de un sueño profundo… Eran las 7,30h y,  desperezándose,  apagó la alarma y se levantó. De repente, vino a su memoria todo lo ocurrido el día anterior y  se acordó de Dani. Se preguntaba si la llamaría. Miró la pantalla del móvil que silenciaba todas las noches y no había registrada ninguna llamada pero sí un wasap de su madre:
¿Tienes pensado hacer algo esta tarde? ¿Nos vamos de compras?

¡Vaya horitas de mandarme un wasap! ¡Cómo se nota que se levanta bien temprano!  Pensó Marta.

Mamá, he quedado esta noche para ir a bailar, y como trabajo por la mañana quiero descansar por la tarde.

Al momento, salió la palabra “escribiendo”

Vale, me paso luego por la peluquería. Me tengo que hacer la manicura. Un beso, reina.

Un beso, mamá.

Después de esto, se metió en el baño, y tras lavarse la cara y las manos, fue a la habitación donde tenía todo el material de la diálisis. Se pesó, se tomó las constantes vitales (tensión arterial, pulso, temperatura…) y procedió a drenar el líquido que tenía en su interior utilizando la fuerza de la gravedad. Mientras tanto, durante ese tiempo “muerto”, se  conectó a  internet para echar un vistazo a  las noticias y a su Facebook… unos 10 o 15 minutos tardaba el proceso de vaciado.Tras comprobar que todo el líquido había drenado, se colocó la mascarilla y se dispuso a realizar la higiene de manos. Efectuó el lavado de forma concienzuda, sin dejar ni una parte de sus manos y uñas sin frotar,  como le habían indicado, cerrando el grifo con el codo para no tocarlo con las manos;  luego se secó con una toallita desechable. A continuación,  volvió  a introducir una solución de diálisis nueva en la cavidad peritoneal, a través de su catéter.

Después de terminar el intercambio del líquido de diálisis, Marta fue a la cocina a prepararse el desayuno. Unas tostadas con aceite virgen extra, un par de lonchas de jamón bajo en sal, un trozo de bizcocho que se trajo de casa de su madre, y para beber una taza de té, constituía el desayuno de ese día.  Mientras lo preparaba encendió la tele. En ese momento, en  las noticias, el hombre del tiempo estaba  anunciando un sábado de mucho calor… “¿Más?, ¡Nos vamos a cocer! No quiero ni pensar cuando llegue el mes de Agosto” pensó  ella.

Ese sábado no había mucho trabajo en la peluquería; era final de junio y mucha gente se estaba preparando para irse de vacaciones o estaban emprendiendo el camino hasta su lugar de veraneo.
Marta aprovechó para hacerse la manicura  y pidió a su jefa que le recortara las puntas del cabello.

Al cabo de un rato, llegó su madre:
-Enseguida estoy contigo, mamá –dijo Marta
-Tranquila, cariño. Termina tú de ponerte más guapa de lo que eres – dijo Sonia a su hija, con una amplia sonrisa,  a la vez que le plantaba un sonoro beso en la mejilla.
¿Qué tal estás? ¿Cómo te va la diálisis? –preguntó Sonia, a la vez que se sentaba en uno de los sillones de la peluquería.
-Estoy bien, mamá. Más o menos igual que ayer… ¡si nos vemos casi cada día, mamá!  -Marta sonreía a su preocupada madre  -Me encuentro bastante bien y, aunque voy muy despacio para hacer el intercambio de las bolsas, creo que lo hago correctamente.
-Ya verás que con el tiempo lo harás en un santiamén  –Comentó Tania, que estaba terminando de peinar a Marta –Bueno, ya estás guapísima. Ahora a ligar mucho esta noche.
-Sí, un sofocón voy a ligar –dijo abanicándose con la mano –porque menuda calor que está haciendo.

Después, tomando todos los bártulos necesarios, se dispuso a realizar la manicura a su madre. Durante ese tiempo estuvieron hablando de la posibilidad de unas vacaciones, las dos juntas,  en algún destino que pudieran llevarle fácilmente el material de diálisis y que tuviera las condiciones adecuadas.  Decidieron informarse bien y comentarlo con la asociación de enfermos  renales a la cual pertenecían ambas.

También estuvo hablando con su madre de que la semana siguiente comenzaría sus caminatas con Laura y le preguntó si quería apuntarse.
-Quita, quita, mi niña… que yo con mis clases de baile en línea y  mis manualidades ya tengo mi tiempo libre bien ocupado… y cambiando de tema  -dijo como si se hubiera acordado de repente -ahora cuando termines de hacerme la manicura, te acompaño a casa en este ratito de tu diálisis del mediodía.
-Gracias mamá…. Pues ya estás lista. Son las 11,45  -dijo mirando el reloj y mirando después a su jefa –Tania vuelvo en un rato, ¿Vale?
-Muy bien, Marta, tómalo con tranquilidad que hoy no hay demasiada faena.
Y salieron madre e hija directa a casa de Marta, a realizarse el segundo pase del día.

CONTINUARÁ...

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Ana Hidalgo




Capítulo 15


Daniel caminaba en dirección hacia el hotel;  había decidido ir caminando tranquilamente y no utilizar un taxi  ya que el hospital  no quedaba demasiado lejos de su destino  y así aprovecharía para pensar sobre lo ocurrido en la cafetería del hospital.  Todavía no terminaba de asimilar que Marta, esa preciosidad de mujer,  tuviera una enfermedad crónica. La verdad es que le gustaba mucho esa chica, tanto  que,  desde el primer día que la vio en el centro comercial y luego en la taberna vasca, se había acordado muchas veces de ella. Y ahora que por fin la conocía y tenía su número de móvil  se acababa de enterar de que padecía una enfermedad importante.
“En cuanto llegue a mi despacho me meto en internet y me informo sobre la insuficiencia renal y los tratamientos de diálisis y trasplante” “Estoy en un mar de dudas”

Tenía mucho en qué pensar. Una cosa era afrontar una enfermedad con tu pareja, esposa o novia… pero otra bien distinta era comenzar una relación partiendo de la base de que la otra persona tenía una enfermedad para toda la vida. ¿Sería capaz de embarcarse en una relación de ese tipo?

Daniel siempre había sido un conquistador. Su primo Andrés  le llamaba “Casanova” cuando quería hacerle enfadar. Él le contestaba que un casanova era un hombre que conquista o seduce al mayor número de mujeres posible y él cuando estaba con una chica permanecía fiel mientras duraba su relación… lo malo es que le duraban poco tiempo.
Pero desde aquel día que tropezó con Marta sólo había salido con un par de chicas y habían sido citas de una o dos noches… nada de importancia.

Llegó al hotel sin apenas darse cuenta, sólo pensando en Marta, y se dirigió directamente a su despacho. Una vez allí, pidió a Rocío, su secretaria, que no le pasara ninguna llamada a no ser que fuera imprescindible.
Entró en su despacho, se sentó y de pronto recordó que no había comido.  No tenía mucha hambre, pero descolgó el teléfono y habló con su secretaria:
-Rocío, ¿Me puedes traer un bocadillo de jamón, por favor? ¡Ah! Y una cerveza sin alcohol. Gracias.
Colgó el teléfono, puso en marcha el ordenador y se dispuso a buscar información sobre la enfermedad renal.

Transcurrieron un par de horas, cuando Daniel, saturado de tanta información que había absorbido, decidió que ya estaba bien y que después de unas gestiones que tenía que realizar se iría a casa a descansar. Miró en su cartera y sacó una pequeña servilleta de bar, muy bien doblada, donde Marta había anotado su número de teléfono.
Pensó en llamarla en ese momento y comprobar si el número era el correcto, pero se dijo que la llamaría más tarde, con tranquilidad, desde casa.
En el momento en que se disponía a salir del despacho, la puerta se abrió y entró un hombre mayor, trajeado y  tan alto como él.
-¡Hola papá!  -dijo Daniel –estaba a punto de salir.
-¡Perfecto! Te acompaño –dijo el padre  -Tengo que hablar contigo. Quiero dar una sorpresa a tu madre para nuestro aniversario y quiero regalarle un crucero.  Tú me puedes ayudar a escoger la mejor opción.
-De acuerdo, papá – Daniel miró a su padre sonriendo –Tengo que realizar unas gestiones pero no tardaré, espérame en el hall del hotel. Iremos a tomar una copa en un bar cercano.

Carlos, el padre de Daniel, estaba jubilado después de haber trabajado durante 40 años  como empresario. Su esposa Lidia, también había trabajado codo a codo junto a su marido en la empresa familiar. Toda una vida dedicada al descanso de los demás, ya que poseían una pequeña cadena de tiendas de colchones, somieres, almohadas y demás artículos para dormir y descansar adecuadamente.  Ahora el negocio lo llevaba su hija mayor, Elena, que había estudiado ciencias empresariales y que siempre había tenido claro que seguiría con el negocio familiar.

Daniel y su padre salieron del hotel y un aire cálido, bochornoso, les recibió. Estaba haciendo más calor de lo normal  para la época en la que estaban y Daniel estaba deseando quitarse aquel traje que debía usar de manera obligada en su trabajo… ¡Cómo le gustaría poder llevar una camiseta y unos pantalones cortos en ese momento!
Después de pasar un rato agradable con su padre y de hablar sobre las mejores opciones para un buen crucero, Daniel comentó a su padre que había conocido a una chica en el hospital al que acudía cada cierto tiempo a donar sangre. Padre e hijo, habían mantenido siempre una buena relación, y Daniel, muy a menudo, le relataba sus “amoríos” y muchos de sus problemas personales.
-¿Es una enfermera? –Le guiñó un ojo su padre.
-No, papá, es una chica guapísima que tiene insuficiencia renal – dijo Daniel, observando con atención la reacción de su padre.
Se quedaron unos instantes callados y el padre miró fijamente a Daniel y le dijo casi en un susurro:
-Ten cuidado, Dani, que tú eres de los que van de flor en flor, no vayas a hacer daño a esa pobre chica.
-¡Pero papá! –replicó Daniel -¡Pero vaya fama tengo! Lo que pasa es que no he encontrado todavía a mi media naranja, más bien lo que pasa es que yo soy melón y las parejas que encuentro son sandías… tengo mala suerte en el amor.
-Vaya  hijo, que forma de expresarte más frutal  -rió con ganas, su padre.
Hablaron durante unos minutos más sobre el tema y por fin, el padre, poniéndose de pie, dijo:
-Bueno, ya seguiremos hablando del tema. Ahora te dejo que tu madre estará histérica preguntándose dónde diablos estoy.  Por cierto, el domingo te esperamos para comer, recuérdalo.
-Por supuesto, que me acuerdo, papá. Dale un beso muy fuerte a mamá.
Salieron del bar y se fueron por direcciones distintas.

CONTINUARÁ...

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Ana Hidalgo


Capítulo 14


Salió del hospital bastante animada, pensando que la vida le había jugado una mala pasada pero que a pesar de todo, no se sentía tan mal,  tenía todo el apoyo del mundo con sus familiares y amigos y seguía conservando su trabajo. Tania, su jefa, había llegado a un acuerdo con ella en  el que dispondría de un rato  libre al mediodía para realizarse uno de los pases de la diálisis y luego se iría más tarde a comer, y  poder entrar después de las 16h en la que tendría otro intercambio.  Ya había tenido una semana de vacaciones para habituarse a su tratamiento y a los horarios de los intercambios del líquido de diálisis.

Cuando llegó a la entrada del hospital, se dirigió al quiosco  para comprar una revista de belleza y moda; ahora tendría bastante tiempo libre y podría leer y conectarse en internet, ya que el tiempo de drenaje del tratamiento de diálisis peritoneal tardaba entre 20 y 30 minutos, más o menos,  en completarse. Le gustaba comprar las revistas de belleza para estar al día de las últimas tendencias en maquillajes y peinados, que luego no dudaba en poner en práctica utilizando como conejillos de indias a su madre, a su jefa y a sus amigas.
Salió del establecimiento mirando la portada de la revista, cuando de repente se dio de bruces con alguien…
-Perdón- musitó antes de levantar la cabeza y comprobar con estupor que era Daniel, el chico que siempre aparecía de improviso, como caído del cielo.
- Vaya, otra vez nos vemos por aquí  -dijo Daniel con una amplia sonrisa que mostraba sus dientes perfectos y blancos.
-Sí  -contestó Marta  -Pensando que Daniel tenía el don de la inoportunidad, aparecía siempre de repente y en los momentos menos afortunados para ella.
No sabía que decirle, se había quedado sin palabras. Ese chico tenía algo que la alteraba y la  aturdía. ¿Sería el aroma de su perfume?
-Veo que no eres chica de muchas palabras  -rió él mostrando su blanca dentadura al sonreír, a la vez que se le formaban unos pequeños hoyuelos en las mejillas que lo hacían todavía más seductor.
-No... perdona, lo que pasa es que iba pensando en mis cosas  -se disculpó Marta.
-¿Tienes tiempo para tomar un café  y así nos presentamos como es debido? Ya empieza a ser cansino esto de darse de bruces constantemente –dijo Daniel soltando una carcajada.
Marta miró el reloj  calculando la hora para su próximo intercambio de diálisis. Eran las 13h.  Tenía tiempo de sobra.
-Vale, de acuerdo, vamos a tomar algo.
Se dirigieron a la cafetería que se encontraba en el mismo recinto hospitalario.  Al entrar,  comprobaron que el bar estaba lleno, había mucha gente; unos salían de la consulta o de realizarse alguna prueba médica, otros tenían familiares o amigos ingresados, había personal médico y de enfermería… comenzaba a ser la hora de la comida y parecía que todos se habían puesto de acuerdo. Marta encontró una mesa cerca del ventanal que daba a la calle, se fue hacia allí y se sentó.
-Voy a la barra a pedir las bebidas porque si nos esperamos a que nos sirvan se nos hace de noche… ¿Qué te apetece tomar, Marta? –Daniel se agachó para hablarle y hacerse entender entre aquel barullo.
Marta, pensó qué pedir, porque ahora lo tenía bastante complicado. Al final se decidió por un té frío pensando en beber solo unos sorbos,  porque  ya se había tomado un cortado hacía un rato.
-Un té frío, por favor – dijo Marta.

Mientras Daniel iba a por las bebidas, Marta lo observaba con atención. Ese chico le gustaba. Estaba en una encrucijada, no sabía si decirle lo de su enfermedad  ya mismo o no. De todos modos todavía no lo conocía, pero por otra parte, quería ir con la verdad por delante en todo momento y evitar más tarde disgustos y males mayores. Todavía tenía muy presente la reacción tan nefasta que tuvo su ex novio, Alberto, cuando se enteró de que padecía una enfermedad crónica.  No quería volver a pasar por un trago parecido. Si tenía que estar sola, pues lo estaría. El que tuviera que estar con ella que lo hiciera porque la quisiera de verdad, a pesar de la cruz que cargaba ahora sobre su espalda… mejor dicho, en sus riñones.

Llegó Daniel, con el té para  ella  y una cerveza para él.  Se sentó y sonriendo dijo
-Vaya, vaya, vaya… aquí estamos los dos, después de algunos desencuentros inoportunos. Me alegro de que hayas aceptado mi invitación, porque así podré pedirte disculpas por aquél desafortunado encuentro del día que nos tropezamos en aquella librería.
-No te preocupes, Daniel, eso es agua pasada  -dijo Marta dando un pequeñísimo sorbo a su té frío, saboreando su frescor y sintiendo como le hidrataba su seca garganta.
-Pero yo quiero explicarme, y por favor, llámame Dani
Marta escuchó su relato y el por qué no la ayudó a recoger sus libros del suelo, y  sonrió. “Con razón iba “escopeteado”, tenía un negocio de mucho dinero”
Después de una pequeña pausa, en el que ambos aprovecharon para tomar un sorbo de sus respectivas bebidas, y a la vez estudiar al otro, Marta le preguntó:
-¿Y qué haces tú por aquí en el hospital? ¿Tienes algún familiar enfermo?
-Bueno –sonrió Daniel  -He venido a donar sangre. Suelo venir cada tres meses más o menos, para dar un poquito de mi sangre que es muy necesaria, además es muy rápido y no me quita demasiado tiempo.
Marta pensó… “cada vez me gusta más y por eso voy a decirle la verdad, sin tapujos y sin rodeos”
-¿Y tú, Marta? ¿Qué haces por aquí? –le preguntó.

Marta le explicó, con mucha naturalidad y franqueza, que estaba enferma y que tenía una insuficiencia renal crónica que no tenía cura y que los tratamientos que existían  eran la diálisis y el trasplante. Le contó por encima de qué trataba todo…por encima, de manera muy resumida,  porque no quería ser demasiado “plasta”.
Mientras iba hablando, Marta observaba con atención la reacción que sus palabras estaban causando en el rostro de Dani. Vio que sus ojos se agrandaban y que fruncía un poco el ceño… “ya está, ya lo he asustado. Ahora me dirá que tiene prisa y que ya nos veremos”
-Vaya  -murmuró Daniel  -Me he quedado de piedra.  La verdad es que si no lo dices,  nadie lo diría. Tienes un aspecto magnífico.
-Es que me cuido mucho, me gusta arreglarme y procuro llevar una vida sana, dentro de mis posibilidades, claro.
-Eso es fantástico... bueno, ejem... fantástico el que te cuides, no el que estés enferma – dijo Daniel y mirando su reloj añadió –bueno ahora me tengo que ir. Te llamaré pronto.
Se levantó para dejar la bandeja en el carrito donde se dejaban las bandejas usadas. Marta lo miró, completamente decepcionada y triste. Era algo que había previsto, pero no sabía que se sentiría tan mal.
De pronto, Dani se volvió y le dijo
-Por cierto, ¿Cómo te voy a llamar si no tengo tu número de móvil?

CONTINUARÁ...

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Ana Hidalgo